Página editada por Antonio L. Manzanero, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid. España


 

 


Facultad de Psicología
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Esta ilusión óptica puede cambiar tu percepción de los colores durante meses

Este efecto óptico parte de un estudio de las gafas tintadas con varios colores, como las de las lentes 3D



Verne
Después de comprender que los tonos del famoso vestido dependían de cómo varía la percepción del color según el contexto, resurge en la red una nueva ilusión óptica que nos ayuda a seguir descubriendo cómo funciona nuestra cabeza.
El efecto McCollough ha revivido gracias a un artículo del diario Daily Mail que ha saltado a la comunidad online Reddit a través de Facebook. Este experimento no solo juega con la interpretación de los colores, sino que además incluye una amenaza, factor que lo hace doblemente atractivo para los usuarios de las redes sociales: tu percepción del color puede verse afectada (temporalmente).
En 1965, la psicóloga estadounidense Celeste McCollough aprovechó su año sabático en Canadá para estudiar los efectos que producían las gafas tintadas con varios colores, como las de las lentes 3D. A partir de esta investigación descubrió un fenómeno de percepción visual: al mirar durante un tiempo imágenes de rayas en blanco y negro, después concentrarse en otras de color verde y rojo y luego volver a mirar las primeras, el ser humano tenía la sensación de verlas verdosas y en tonos rosas. Se denomina post-efecto de color contingente a la orientación. Es decir, tras inducir a una persona a mirar durante un determinado período un dibujo se consigue un efecto concreto que puede durar horas, incluso meses.
Antes de probar el experimento, hay que tener en cuenta las posibles consecuencias. Tras publicarse el estudio de McCollough muchos psicólogos se interesaron por las secuelas en la percepción de los colores. No existe una única conclusión para explicar por qué los efectos duran tanto. En primer lugar concluyeron que no se trata de un efecto en la retina, sino en el cerebro encargado de compensar las zonas sin color rellenándolas. La propia psicóloga propuso que estos efectos eran el resultado de la adaptación de las neuronas en la corteza visual, las encargadas de codificar la orientación, la zona que reconoce un objeto (en este caso las líneas de los dibujos).
Luego llegó la investigación de los psicólogos Jones y Holding, que descubrieron que esta percepción alterada podía llegar a durar meses. Y con esta conclusión los medios de comunicación usaron este reclamo: "Esta imagen te romperá el cerebro". Suficiente para provocar curiosidad pese a los efectos colaterales.
Ahora tienes dos opciones: someterte a la prueba o quedarte con las ganas.

1. Mira durante por lo menos un minuto esta imagen.

2. Repite la misma acción con esta de color verde y rojo. Primero mira un cuadrado y luego el otro durante algo más de un minuto cada una.

3. Vuelve a mirar la imagen en blanco y negro. Si has seguido bien los pasos en vez de blanco y negro deberías ver tonalidades verdes y rosas. Y si de verdad has cumplido con las instrucciones, esta sensación debería durar más de un minuto.

4. No te preocupes, el efecto no te va a durar meses. Según algunas teorías, si ahora vuelves a mirar a esta imagen con los mismos colores, pero con el sentido de las líneas cambiado, el efecto se habrá corregido.

Si aún tienes dudas de lo que acaba de suceder, este joven divulgador científico llamado lo explica (en inglés) en un vídeo en YouTube que acumula desde enero más de 2.500.000 de reproducciones. Tom Scott lo compara con esa desagradable sensación que produce una canción pegadiza, por eso viaja hasta Disney World y aprovecha el tema Un mundo pequeño.


¿De qué color es el vestido?

 
Jaime Rubio Hancock

El reciente debate sobre si el famoso vestido de Buzzfeed era azul y negro, o blanco y dorado, ha puesto de manifiesto que no todos vemos los colores de la misma forma. Ya no estamos hablando de si alguien es daltónico o no, sino de personas sin ningún problema en la vista que interpretan la información que reciben de diferente forma. De hecho, en la redacción de Verne, dos veían el vestido blanco y dorado, y otros dos, azul y negro. En el mismo monitor y a la vez. Además, dos de nosotros lo habíamos visto antes de otro color.





1. La constancia del color
La percepción del color puede variar según el contexto, como explica a Verne Julio Lillo Jover, catedrático de Ergonomía de la Universidad Complutense de Madrid y coautor de Percepción del color y daltonismo. Esto ocurre por la llamada “constancia parcial del color”. Es decir, nosotros identificamos, por ejemplo, una camisa blanca, aunque la veamos en una habitación menos oscura (manda menos luz a los ojos) o iluminada por una bombilla clásica cuya luz es más amarillenta (manda distinto tipo de luz). En todas estas situaciones "el cerebro compensa ciertos excesos y defectos de la iluminación del entorno” y produce un resultado similar (ver un color blanco). Esta compensación es útil para identificar objetos en diferentes ambientes: sería muy caótico cambiar de habitación y que nos diera la impresión de que nos hemos cambiado de camisa por ver los mismos objetos con colores diferentes.
En cuanto al famoso vestido, Lillo Jover nos comenta que ha pasado la fotografía por una aplicación que le permite conocer cuanta energía refleja la imagen del vestido en las distintas partes del arco iris. El resultado es similar al que produciría un vestido blanco iluminado con luz azulada, del tipo de la que es común en el atardecer. Por otra parte, sin embargo, el mismo resultado puede también lograrse iluminando un vestido azul con luz blanca (la situación real en la que se obtuvo la fotografía). Como la fotografía no proporciona información espacial suficiente para escoger entre estas dos alternativas, el vestido puede verse blanco (cuando el cerebro efectúa la compensación para iluminaciones azuladas) o azul (cuando no la efectúa). Lillo Jover añade: “Una vez lo ves de un color, el cerebro tiene tendencia a seguir viéndolo de la misma forma”.
Es decir, quienes ven el vestido blanco es porque su cerebro lleva a cabo esta compensación, mientras que quienes lo ven azul no la hacen. El cerebro lleva a cabo esta operación teniendo en cuenta “la información espacial, la luz de fondo, la ambigüedad de la información…”. La imagen presenta la suficiente ambigüedad como para que las opiniones estén divididas. Lillo Jover añade: “Una vez lo ves de un color, el cerebro tiene tendencia a seguir viéndolo de la misma forma”.
De hecho, comenta que jugando con la luz que incide sobre el monitor “no es tan difícil alternar” entre el vestido azul (con menos luz) o blanco (con más luz). Tampoco es fácil, avisamos. La iluminación artificial también puede influir en que lo veamos azul y negro, y la natural, en que lo veamos blanco y dorado, como explica ASAP Science en este vídeo.
Lillo Jover apunta que es un efecto similar al de la ilusión de Adelson. Da igual que sepamos que los cuadros sean del mismo tono de gris: no hay forma de que nuestro cerebro vea ese color. Este vídeo da más datos (e ilusiones ópticas) sobre cómo nuestro cerebro usa la comparación para percibir los colores, ya que es la forma de interpretar lo que vemos de la forma más eficiente posible.

2. El color es una creación
Además de eso, hay que recordar que en el mundo físico no hay colores: hay luz. Los objetos absorben parte del espectro electromagnético y reflejan el resto, que es lo que vemos y nuestro cerebro interpreta como color.
Tal y como se explica en este artículo publicado en la BBC, nuestra visión de los colores comienza con los fotoreceptores que transforman la información de la luz en las señales eléctricas que se envían al cerebro. Estos receptores son sensibles a los azules, verdes y rojos, y aunque su configuración puede variar ligeramente de persona a persona, “a efectos prácticos vemos todos prácticamente lo mismo”, explica Lillo Jover. Si no fuera así, por ejemplo, “es muy poco probable que las mismas pantallas sirvieran para todo el mundo”. Es decir, la causa principal de que veamos el vestido blanco o azul está en la interpretación que hace nuestro cerebro de la imagen, no en nuestros ojos.
Algunos daltónicos tienen sólo dos (y no tres) tipos de fotorreceptores en sus ojos y por ello ven menos colores que las personas comunes. Por otra parte algunas mujeres tienen un tipo de cono extra y por ello se las denomina “tetracrómatas”(“tetra es cuatro en griego”). Este hecho les hace experimentar una gama de colores algo más amplia de la que vemos la mayoría de los humanos. Pueden distinguir fácilmente entre tonos de verde que a casi todos nos parecen muy similares.
Puesto que los colores son una creación de nuestro cerebro que experimentamos individualmente, podría pensarse que no hay forma de saber si dos personas ven lo mismo cuando dicen que algo tiene un determinado color, ya que no hay forma de hacer pasar la experiencia directamente de un cerebro a otro, del mismo modo que no podemos explicarle a alguien que es ciego de nacimiento qué es el color. Como se apunta en este otro vídeo de Vsauce, conceptos como “el rojo es un color cálido” o “el azul es frío” no tienen ningún sentido para estas personas.
También hay que mencionar la influencia del lenguaje. El hecho de que un idioma no tenga palabra específica para denominar un color no significa que los hablantes de ese idioma no lo vean. "Sí lo hacen y, muy probablemente, el color que ven es similar al que ven los hablantes de otro idioma. Por otra parte, algunas investigaciones también han mostrado que la capacidad para diferenciar entre colores parecidos puede mejorar cuando el lenguaje que habla una persona proporciona nombres diferentes para ambos", añade Lillo Jover. Por ejemplo, rusos y griegos utilizan normalmente dos nombres distintos para lo que nosotros llamaríamos azules celestes y azules marinos y, por ello, son algo mejores que nosotros diferenciando azules.


https://www.ted.com/talks/lang/es/beau_lotto_optical_illusions_show_how_we_see

Oliver Sacks se despide tras anunciar un cáncer terminal

El escritor y neurólogo relata su enfermedad en un artículo en 'The New York Times'. “Ha sido un privilegio y una aventura”
 

Guillermo Altares 
Madrid 
20 FEB 2015
enlace
 
Con un artículo sencillo, emotivo y directo, paradójicamente lleno de optimismo, el escritor y neurólogo Oliver Sacks anunció este miércoles en The New York Times que padece un cáncer terminal y que le quedan semanas de vida. “Por encima de todo, he sido un ser con sentidos, un animal pensante, en este maravilloso planeta y esto, en sí, ha sido un enorme privilegio y una aventura”, escribe este autor insólito, cuyos libros sobre los recovecos de la mente humana, como Despertares o El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, han sido adaptados al cine y han vendido millones de ejemplares en todo el mundo.


Oliver Sacks
Oliver Sacks, en 2002. / Tomas Muscionico

Oliver Sacks, que tiene 81 años, recibió la mala noticia hace unas semanas, cuando le informaron de que padece múltiples metástasis en el hígado, que proceden de un tumor primigenio en el ojo detectado hace ocho años. Asegura que los médicos pueden ralentizar el avance, pero no detenerlo.
Titulada Mi propia vida, en homenaje a la autobiografía que escribió el filósofo David Hume cuando supo también que padecía una enfermedad sin cura, su despedida está llena de optimismo: “Me encuentro intensamente vivo y quiero y espero que el tiempo que me quede por vivir me permita profundizar mis amistades, despedirme de aquellos a los que quiero, escribir más, viajar si tengo la fuerza suficiente, alcanzar nuevos niveles de conocimiento y comprensión. Esto incluirá audacia, claridad y hablar con franqueza; trataré de ajustar mis cuentas con el mundo. Pero también tendré tiempo para divertirme (incluso para hacer alguna estupidez)”.
Sacks explica que en abril publicará sus memorias y que tiene otros cuantos libros a punto de ser terminados. El escritor confiesa que no piensa dedicarse a nada que no considere esencial, que no quiere perder el tiempo. “No puedo decir que no tenga miedo. Pero mi sentimiento predominante es el de la gratitud. He amado y he sido amado; he dado mucho y me ha dado bastantes cosas; he leído, viajado y escrito”.
Nacido en Londres en 1933, Sacks vive en Nueva York desde los años sesenta. A lo largo de los años, ha ido plasmando las experiencias con las que se cruzó en su consulta en libros editados en España primero por Mario Muchnik y actualmente por Anagrama. Un antropólogo en Marte, Migraña, Con una sola pierna, La isla de los ciegos al color, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, El tío Tungsteno, Veo una voz, Despertares y Alucinaciones son sus títulos más conocidos.
En una entrevista con este diario en 1996, con motivo de la publicación de Un antropólogo en Marte, Sacks habló precisamente de la relación de los pacientes con la enfermedad.  "Para mí es fundamental la relación que se establece entre enfermedad e identidad y la forma en que la gente reconstruye su mundo y su vida a partir de esa enfermedad", explicó. "Todos los casos que expongo en este libro han descubierto una vida positiva que surgía tras una enfermedad. El pintor que tras perder la visión del color no desea recuperarla. El ciego de nacimiento que recobra la vista hacia la mitad de su vida y no puede soportarlo. La mujer autista que encuentra en el autismo una parte de su identidad... Pero no quiero parecer sentimental ante la enfermedad. No estoy diciendo que haya que ser ciego, autista o padecer el síndrome de Tourette, en absoluto, pero en cada caso una identidad positiva ha surgido tras algo calamitoso. A veces, la enfermedad nos puede enseñar lo que tiene la vida de valioso y permitirnos vivirla más intensamente".
Hace unos meses, Sacks publicó un artículo maravilloso en The New York Review of Books sobre los recuerdos y la ficción titulado Habla, memoria. En él relataba como según envejecía iban surgiendo recuerdos cada vez más claros de su infancia; recordaba, por ejemplo, dos episodios en los que bombas nazis cayeron cerca de su casa en Londres cuando era un niño durante la II Guerra Mundial. Sin embargo, su hermano mayor le explicó que el primero lo había vivido, pero que el segundo se lo habían contado, porque en ese momento ya no estaba en Londres.
Este episodio le sirve a Sacks para hacer una larga disertación sobre la importancia de la ficción en la vida, porque al final lo que hemos leído y nos ha impresionado acaba por ser tan importante como lo que hemos vivido. “Nosotros como seres humanos hemos desarrollado sistemas de memoria que tienen fallos, fragilidades e imperfecciones”, escribe. “La indiferencia sobre las fuentes nos permite asimilar lo que leemos, lo que nos cuentan, lo que dicen otros y pensar, escribir y pintar, de una forma tan rica y tan intensa como si fuesen experiencias primarias. Nos permite ver y escuchar con los ojos y los oídos de otros, entrar en la mente de los demás, asimilar el arte y la ciencia y la religión de toda una cultura”.
Este texto es una muestra de la forma que tiene Sacks de escribir y pensar y, a la vez, de la inmensa influencia de sus escritos sobre la manera en que vemos el mundo en el que vivimos. La tranquila lucidez con la que afronta la noticia de su cáncer sin retorno es una prueba más de su sabiduría.

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Crean capas de la invisibilidad

Ingenieros de la Universidad de Arizona (EEUU) descubren cómo aprovechar mejor la llamada “refracción negativa” para usos muy diversos

Una investigación de la Universidad de Arizona (EEUU) ha revelado cómo metamateriales tallados con una impresora 3D pueden servir para ocultar objetos o personas, por refracción negativa, sin necesidad de que se pierda energía en el proceso, como solía ocurrir. El avance permitirá fabricar capas de invisibilidad o construir microscopios que registren objetos tan pequeños como proteínas o virus individuales, entre otras aplicaciones.


Los metamateriales son materiales artificiales con propiedades que no se encuentran normalmente en los materiales naturales. Estas propiedades se obtienen a partir de la estructura de dichos metamateriales, y no de su composición. En una investigación reciente, realizada por Hao Xin, profesor de ingeniería eléctrica e informática en la Universidad de Arizona (EEUU), se ha descubierto que los metamateriales pueden ayudar a fabricar superlentes para microscopio –de manera que estos podrían registrar detalles a nivel molecular- o escudos para ocultar aviones militares, e incluso a personas. Por tanto, en este estudio se ha dado un paso adelante hacia la invisibilidad.

Patrones geométricos que te vuelven invisible

En un comunicado de la Universidad de Arizona, se explica cómo se lograría este último punto. Para empezar, Xin y su equipo han fabricado en laboratorio, con una impresora 3D, metamateriales, a partir de metales, plásticos y otras sustancias.

Similares a bolas de plástico poroso y a pequeñas placas de circuitos de cables de cobre, los objetos resultantes tienen una configuración especial, con patrones geométricos capaces de doblar ondas de energía de forma anómala. En particular, exhiben una propiedad llamada “refracción negativa”, que permite refractar dichas ondas en la dirección opuesta a la de cualquier material existente.

El resultado es el siguiente. Por ejemplo, si miramos una pajita dentro de un vaso de agua a través de un prisma de refracción negativa, la pajita aparecería invertida: el trozo que en realidad está sobre la superficie del agua aparecería por debajo de esta y, además, estaría inclinado en la dirección contraria a la que en realidad está.

Otro ejemplo. En un escenario más futurista, si se colocase a una persona una capa con propiedades refractarias artificialmente diseñadas, solo se vería una parte o nada de esa persona, en función de la distribución del índice de refracción del metamaterial que conforme dicha capa (es decir, en función de cómo las ondas lumínicas que de ella rebotasen alcanzaran los ojos del espectador).

Los metamateriales con refracción negativa, sin embargo, han presentado desde siempre un problema bastante irritante para los ingenieros: reducen la fuerza de las ondas y, en consecuencia, provocan una pérdida de energía.

Xin y su equipo han resuelto este problema, aseguran, con el diseño de “un metamaterial que conserva la refracción negativa, pero no disminuye la energía”. De hecho, incluso provoca una ganancia de energía, señalan los investigadores.

Esto ha sido logrado mediante la incorporación en los metamateriales de diodos simples que funcionan con baterías de túnel (un tipo de dispositivo semiconductor), usando técnicas de micronanofabricación.

Metamateriales que a un tiempo tengan refracción negativa y sean capaces de ganar energía ayudarían a superar problemas como la difracción en las lentes, que impide que incluso los microscopios más sofisticados puedan registrar objetos extremadamente finos, como proteínas o virus individuales.

La invisibilidad, cada vez más cerca

Más allá de estas superlentes para usos biomédicos, los metamateriales están siendo estudiados para producir circuitos de microondas de alto rendimiento, edificios más energéticamente eficientes o más resistentes a terremotos; convertidores de energía solar más potentes; e incluso para la mejora de las tecnologías de sensores y antenas.

La invisibilidad parece cada vez más cercana, si se tienen en cuenta este y otros avances recientes, como el los camuflajes ópticos fabricados a un coste de 150 dólares o el de la impresora 3D que fabrica mantos de invisibilidad en cuestión de horas.

Fuente:
Tendencias 21 y UANEWS
 
 
Referencia bibliográfica:

Hao Xin, et al. Microwave Gain Medium With Negative Refractive Index. Nature Communications (2015). DOI: 10.1038/ncomms6841.